Tuesday, September 7, 2010

Los colores, olores y sonidos del Caribe cobraron vida el lunes en las calles de Nueva York al desfilar personas ataviadas con elaborados penachos y disfraces entre espectadores que agitaban banderitas.

Nadie careció de alimentos, pues era posible comer casi cada platillo caribeño que se pudiera imaginar.

El Desfile del Día de los Caribeños-Estadounidenseses es una tradición del Día del Trabajo en Estados Unidos, y se realiza sobre el bulevar Eastern Parkway a partir de la sección de Crown Heights de Brooklyn. Acompañado por un festival, transforma una de las avenidas más amplias de la ciudad en una larga fiesta.

"Me gusta lo que veo, los colores, la música, la comida y el sabor que hay allí", dijo Enilda Berea, de 41 años, que asiste al desfile cada año.

Berea, quien vive en Brooklyn y tiene antecedentes familiares en Trinidad, dijo que le gusta ver a personas de todas las islas del Caribe reunidas en un solo lugar. "Es el día del año en el que todos están unidos, aunque sean de diferentes culturas", afirmó.

Sheree Smith vino al desfile desde el Bronx como representante de Jamaica y aprovechó para vestirse con los colores verde y negro de su bandera.

"Es bueno ver a todos unidos. Me gustaría que fuera así todo el año", dijo Smith, de 36 años, aunque dejó claro a quién prefiere. "Jamaica es la número uno, somos los mejores", agregó entre risas.

Como es costumbre con casi todos los desfiles de la ciudad, también asistieron las personalidades políticas neoyorquinas, incluyendo al alcalde Michael Bloomberg; la presidenta del Consejo Municipal, Christine Quinn, y el gobernador del estado de Nueva York, David Paterson.

Según cifras del censo, en la ciudad de Nueva York viven más de 600.000 personas con orígenes caribeños.

El desfile, inspirado en los carnavales previos a la cuaresma, incluía carros alegóricos con música y bailarines que llevaban disfraces enormes sobre sus hombros. Los puestos de comida vendían de todo, desde frutas frescas hasta pollo con especias jamaiquinas, cabra al curry y cola de buey.

Además de personas de ascendencia caribeña, también había bastantes asistentes de otros orígenes que disfrutaban de la fiesta.

Jane Broadbent, nacida en Nueva Zelanda y ahora residente en Manhattan, realizó su segunda visita al desfile acompañada por su esposo y el pequeño hijo de ambos.

"Recordaba que era tan colorido, emocionante y divertido que quería mostrarles de qué se trataba", dijo.

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